domingo, 14 de diciembre de 2014

La poesía del Gran Timonel



EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS. PEKÍN. 1959.


Poesía que nace con el Sol

Desde tiempos lejanos, la poesía era cantada y la música acompañaba los más diversos festines, desde los sacrificios paganos, los matrimonios griegos, los cantos de los indígenas cacataibo de la selva amazónica por la muerte prematura de un niño, hasta los triunfos de las batallas incas en su avance en la conquista de los pueblos.
El pueblo chino no fue la excepción en esta práctica que hermanaba la poesía y la música en tiempos milenarios. Así tenemos a Li Tai po, uno de los poetas chinos de los tiempos de la dinastía Tang que llevaba una vida sin mayores sobresaltos económicos, que sirvió a la corte imperial y que luego se envolvió en una revuelta en contra del emperador, la rebelión de An Lushan, siendo exiliado y absuelto.
A nuestro alcance está la edición del libro Mao Tse-tung. Treinta y siete poemas, de febrero de 1976, publicada por la Editorial W. A. González. También la segunda edición de Mao Tse-tung Poemas de Ediciones en Lenguas Extranjeras de 1962, cuya traducción corresponde al chileno Luis Enrique Délano.
El primero de los poemas de Mao Tse-tung recopilado lleva el título de Changsha, ciudad donde estudió el gran maestro del proletariado y donde leyó desde las Analectas de Confucio, los Cuatro Clásicos (El sueño del Pabellón Rojo, Viaje al Oeste, A la orilla del agua, Romance de los Tres Reinos) hasta sus primeras lecturas de marxismo.
En su Autobiografía, Mao señala que en tiempos de la escuela: “Lo que me gustaba eran las novelas de la China antigua y sobre todo las historias de las revueltas. Leía el Yo Fei Chuan, Shui Hu Shuan, Fan Tang, San Kuo y Hsi Yu Chi, todavía joven y engañando la vigilancia de mi antiguo maestro que detestaba estos libros “fuera de ley” y que los calificaba de perversos”. De hecho también leyó a Li Tai Po y de esa manera nutrió sus primigenios conocimientos sobre la literatura china.
Sin embargo, poco a poco el adolescente Mao Tse-tung iría despojándose de las viejas prendas de la literatura de su país. Cuenta en su Autobiografía que luego de haber abandonado la escuela a los trece años: “Proseguí mis lecturas devorando todo lo que encontraba, excepto los clásicos. Esto enojó a mi padre quien quería que yo dominase a fondo los clásicos”. Aunque luego confiesa que después de escapar de su casa: “Volví a estudiar los clásicos y leí también muchos artículos de algunos libros contemporáneos”.

Poesía: fuego de los verdaderos dioses

Lo principal, definitivo y que marcaría a fondo a Mao en esos años, fue haber sido testigo del abuso contra los campesinos pobres en los tiempos previos a la fundación de la Primera República China en 1911. Asimismo, el hecho de haber participado en la sublevación de Wuhan en el Ejército dirigido por el nacionalista Li Yuan-hung.
Para Mao el problema no radicaba en leer o no leer las obras de la China feudal sino en ver de qué manera se las asimilaba y se las sometía a crítica para de esa manera servir a los objetivos políticos revolucionarios de ese entonces.
Su poesía es una epopeya cantada de los periodos que atravesó la Revolución China desde poco después de la Fundación del PCCH hasta la entrada de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Sus temas básicos: Las masas que dominan las leyes de la naturaleza, su heroicidad, las alegorías propias de la cultura china, los paisajes. Cada poema tiene un claro fin político bellamente expuesto: educar al pueblo en la lucha de clases.
De esta manera, los paisajes de Changsha son cantados por el dirigente comunista del periodo de la Primera y Segunda Guerra Civil Revolucionaria, períodos marcados por los golpes contrarrevolucionarios otorgados por los traidores del Kuomintang (partido de la burguesía nacional), la confusión ideológica dentro del Partido Comunista de China y los extraordinarios sacrificios de los verdaderos dioses: las masas. Entonces, aún Mao no era jefatura.

Changsha

En el frío otoño,
Contemplo, solo, el río,
que fluye hacia el norte,
pasada la Isla de la Naranja,
 y las montañas que las hojas de los árboles
tiñen de rojo.
(…)

La naturaleza, los ríos, los peces y las montañas son símbolos omnipresentes en su obra poética: “Unas águilas cruzan el amplio cielo, unos peces nadan en el remanso”. Pero en todo momento le canta a aquellos primeros héroes del proletariado chino: “He traído aquí a cientos de compañeros en estos turbulentos tiempos. En nuestra activa juventud fuimos estudiantes. A la manera llana de los escolares acusábamos sin miedo y sin prejuicios…”.
Su poesía recoge la experiencia por cambiar las viejas relaciones de producción. Sus versos están hechos en pleno campo de batalla: “Nuestras voluntades unidas eran nuestra fortaleza. Hasta que desde Huangyanchieh llegó el tronar de la armas (Monte Chingkang)”. Los poemas Primer Cerco y Segundo Cerco nos hablan acerca de las campañas de cerco y aniquilamiento (fueron cinco en total) que el Kuomintang dirigió contra el PCCH.

Segundo Cerco

(…)
El Ejército ha cubierto
trescientos kilómetros en quince días
a lo largo del gris río Kan
y de las verdes montañas de Fukien.

Alguien está llorando,
lamentándose tardíamente
de la estrategia del avance lento. 

Los señores de la guerra despedazaban el territorio chino con su lucha de facciones, el Kuomintang perseguía a los comunistas, mientras que el PCCH repartía la tierra entre los campesinos: “Por el río Ting, hacia Lungyen y Shanghang van las banderas rojas. Una parte del reino ha sido liberada y ahora la tierra está siendo repartida (Avance hacia Fukien)”. “En el campo de batalla las flores amarillas son especialmente olorosas (El doble día noveno de 1929)”. El sacrificio en la lucha por un nuevo orden es digno de resaltar: “Pero mejor que la primavera son cincuenta mil leguas de frío, cielo y agua (El doble día noveno de 1929)”.
La salida ingeniosa de Mao, ante los cercos kuomintanistas, fue plantear el desarrollo de una guerra de guerrillas, pero estaba en minoría dentro del Partido, de manera que se impuso una línea errónea que llevó a una derrota militar con el Kuomintang.
Luego que las tropas de Chiang Kai-shek (jefe del Kuomintang) cercaran la base comunista de Jiangxi sin poder penetrar en ella, Mao dirigió una retirada en octubre de 1934: La Marcha de los 25, 000 li (12.500 kilómetros) o Larga Marcha. En el Paso de Loushan, los comunistas obtienen su primera gran victoria en toda esta ardua travesía. Mao canta en enero de 1935:

El Paso de Loushan

Cólerico es el viento del oeste.
Lejos, grazna el ganso silvestre
bajo la helada luz de luna matutina,
bajo la helada luz de la luna matutina.

El martilleo de los cascos de los caballos
se repite agriamente
y el toque del clarín resuena con sordina

No digáis que el peligroso paso es algo inexpugnable.
En este mismo día, de un solo salto cruzaremos su cima.
¡Cruzaremos su cima!

Más allá, las colinas son como el mar, azules,
y el sol poniente es rojo, rojo como la sangre.


Un poema de Mao Tse-tung representativo de ese momento es La Gran Marcha, poema escrito en setiembre de 1935, que contiene los momentos más heroicos de la Segunda Guerra Civil Revolucionaria. Cada poema suyo es una lección melodiosamente explicada: Para el proletariado nada fue, es, ni será fácil. Todo lo conseguirá con lucha.


La Gran Marcha

Lüshi

El Ejército Rojo no teme los rigores de una Larga Marcha,
mil montañas, diez mil ríos no significan nada para él
las Cinco Cordilleras le parecen parvas olas
simples terrones que se deslizan, los colosales macizos del Wumeng.
Tibios están los acantilados nubosos que azotan las aguas del Arenas de Oro.
Frías las cadenas de hierro tendidas sobre el río Dadu.
Cuánta alegría causan las dilatadas nieves de Minshan,
Y habiéndolas cruzado los tres Ejércitos, una sonrisa estalla en cada faz.

La lucha entre el Kuomintang y el PCCH tuvo una tregua para unir fuerzas ante un enemigo foráneo: El Japón, país que intensificó su ocupación en el norte de China gracias a la colaboración de sectores recalcitrantes del Kuomintang. La Guerra de Resistencia contra el Japón duraría desde 1937 hasta 1945. Su poema Nieve data de este periodo: “De arriba abajo, el gran río ha perdido de pronto su tumulto. Danzan las montañas, serpientes de plata; elefantes de cera, avanzan las tierras altas, intentando medir su estatura con el cielo”.
Derrotado el Japón por la política maoísta de unir a la nación ante el enemigo común, la confrontación entre el Kuomintang y el PCCH era inminente. Entonces, se inicia la Tercera Guerra Civil Revolucionaria. En abril de 1949 el Ejército Popular de Liberación vence a las hordas del general Chiang y logra una importante victoria en Nanking. La poesía nuevamente envuelve el triunfo con su melodía:

La ocupación de Nanking por el ELP

(….)
EL cielo está invertido, la tierra gira al revés,
y nuestros espíritus se elevan.
Recuperemos nuestro valor y persigamos a los bandidos derrotados;
No hemos de imitar a Pa Wang y buscar absurdamente fama de caritativos.
¡Tener sentimientos celestes sería haber envejecido!
El pueblo ha comenzado a hablar ya de un mar
que se convierte en un campo de moreras.

La Revolución china al igual que la Revolución rusa nunca dejó de conocer días duros. Los héroes de la Larga Marcha ahora tendrían que demostrar al mundo que eran capaces de construir el Socialismo en un país remecido por guerras antiimperialistas y tres guerras civiles.
El 30 de junio de 1958, Mao leyó una noticia en el Remin Ribao (Diario del Pueblo) sobre la extinción de los caracoles en el distrito de Yuchiang, la cual lo impresionó tanto que no pudo dormir durante toda la noche. Eran los duros años del Gran Salto Adelante, de la colectivización de la agricultura, de la industrialización, de las comunas populares. Mao canta, al día siguiente, la celebración de la eliminación de una peste, la esquistosomiasis (enfermedad parasitaria), en un distrito de China:

Las aguas y las colinas lucían su verdor en verano,
cuando los mejores médicos estaban desconcertados por esta plaga.
Miles de pueblos estaban invadidos por las ratas y las malezas
y los hombres languidecían; un fantasma cantaba sus baladas
en diez mil casas desoladas.
Ahora, en un día, hemos saltado alrededor de la tierra
y hemos explorado mil Vías Lácteas.
Si el Vaquero pregunta por el dios de la peste,
le contestaremos con alegría y con tristeza que ha desaparecido arrastrado por las aguas.
Miles de ramas de sauce se mecen con el viento de la primavera;
los 600 millones de hombres de este gran país, tienen todos una nueva sabiduría.
Tal como deseaban, las flores del melocotonero se han convertido en olas
y las verdes montañas en puentes.
En el Alto Wuling se levantan y abaten azadas de plata,
brazos de acero remueven la tierra y doman los anchos ríos.
¿Dónde has ido, dios de la peste?
Hubiésemos quemado para tu despedida velas y barquitos de papel.

Sin embargo, el gran plan económico para desarrollar el campo chino hubo de sufrir un revés. En 1959, Mao dejó la Presidencia de la República, la Jefatura del Estado, y en su reemplazo entró Liu Shao-shi, quien impulsaría reformas capitalistas en el campo. En el poema Viendo la ópera El rey mono lucha tres veces con el espíritu del esqueleto, escrito el 17 de setiembre de 1961, como una respuesta a Kuo Mo-Jo, Mao vislumbra ya los vientos borrascosos de la restauración en ciernes:

Desde que la tempestad y los truenos
estallaron sobre esta tierra,
surgió un espíritu de entre un montón de esqueletos.
El Fraile, aunque estúpido, puede ser corregido,
Pero el mal espíritu traerá calamidades.
El Rey Mono levanta su poderoso bastón
para disipar el polvo espectral que llena el mundo.
Dejadnos que hoy lo saludemos,
porque la niebla dañina vuelve otra vez. 

El Rey Mono es el protagonista de la novela clásica china Viaje al Oeste, aquella que fuera una de las primeras lecturas de Mao en su adolescencia. Es una de las alegorías preferidas en la poesía de Mao. Este personaje se caracteriza por su audacia e inteligencia para superar toda clase de obstáculos mediante una serie de metamorfosis en animales salvajes.
Ciertamente que en Sobre la contradicción dejó en claro que las transformaciones de Su Wu-kung, el nombre del Rey Mono en chino, “no son cambios concretos que reflejen contradicciones concretas, sino transformaciones ingenuas, imaginarias, fantásticas, inspiradas a los hombres por las innumerables y complejas transformaciones reales de los contrarios el uno en el otro”.
Más adelante en los años de la Gran Revolución Cultural Proletaria, Mao se dirigiría a la juventud con estas palabras: “Todas las regiones deben producir su Su Wu-kung a fin de sembrar el desorden en el Palacio Celeste”. Y es preciso saber que miles de Su Wu-kung insurgieron en aquella tempestad que fue la GRCP y enfilaron sus cañones contra el Palacio Celeste, el cuartel general de la burguesía, donde anidaban los restauradores capitalistas Liu Shao-shi y Teng Xiao Ping, gurúes de quienes hoy dirigen la segunda potencia mundial.

Continuidad y ruptura

Entonces, nos hallamos ante un poeta contrario a todo panfleto o denuncia fácil y fosilizada en los pliegues de la rutina. La creatividad del maoísmo se deja traslucir en su lírica que toma las formas clásicas de la literatura china y las dota de un contenido nuevo, elevando este a su vez mediante el manejo prodigioso de la rima shi definida por una estrofa de versos de cinco o siete pies, y cuya rima recaía habitualmente en los versos impares. 
La shi es la más antigua y proviene de los tiempos de la dinastía Tang. La rima ci es más moderna tuvo su florecimiento durante la dinastía Song, es un verso con irregular número de palabras. Mao ha preferido la más añeja, lo cual no ha mermado en un ápice su melodía y plasticidad.
El periodista colombiano Harold Alvarado Tenorio nos explica así la poesía china: “La frecuente omisión del sujeto en sus frases, la inexistencia de una expresa diferencia entre los tiempos verbales, el número en los sustantivos y el caso o el género de los pronombres, ha contribuido a forjar un verso que resulta una materia compacta, cuya interpretación es casi un acto adivinatorio. Es quizás, por esas circunstancias, que desde sus primeros poemas los chinos relacionaron la poesía con la música”.
Esta es la veta histórico-poética-popular de la que Mao bebe, asimila y transforma a la luz de la ideología de la clase a la cual dio lo mejor de su vida y obra. El periodista uruguayo Sarandy Cabrera, quien realizó entrevistas al Presidente Mao Tse-tung, al canciller Chou En-lai y al literato Kuo Mo-jo, piensa que la exquisitez de la poesía de Mao estaría reñida con lo “popular”. Consideramos que en el caso de Mao existe un manejo de la contradicción de lo clásico y lo popular en el arte. Un manejo que no se detiene en el desarrollo de un lenguaje henchido de metáforas que encuentran su motivo primigenio en la naturaleza y los paisajes de su país, sino también en la historia antigua y contemporánea. La conjugación de estos dos elementos es lo que hace atractiva a su poesía. En medio de estos dos motores, el mito o los mitos chinos juegan un papel que le da mayor consistencia al mensaje social que se pretende transmitir. 
Sarandy cuenta que la camarada Qiao le señaló que Mao no era un poeta sino un político y “para reafirmar su posición, (Qiao) me traduce en el aire, directamente del chino, una carta de Mao Tse-tung al poeta Ke Chia, de la revista Poesía, carta que figura como prólogo en la edición de 1957 de los anteriores poemas de Mao.

La carta dice más o menos así, según los rápidos apuntes que hice mientras Qiao traducía:

Discúlpenme el atraso con que les contesto. Adjunto los versos en forma clásica y los ocho poemas más que me han pedido. En total son dieciocho poemas que he copiado en hojas aparte para someterlos a consideración de ustedes. Nunca he querido publicar oficialmente estas cosas porque son de forma clásica y temo que esta especie de poesía se difunda, hacen  daño a la juventud. Además, estos poemas carecen de sabor poético y no tienen características singulares. Puesto que ustedes piensan que pueden publicarlos aprovecho la publicación para corregir algunos errores de que adolecen las copias que se han venido difundiendo de mano en mano... Por supuesto cuando se trata de poesía hay que dar primero lugar a la poesía moderna. Se pueden escribir versos clásicos pero no es conveniente fomentarlo entre los jóvenes porque esta forma ata a la ideología y al pensamiento y además es difícil de aprender...".

Vemos que la preocupación de Mao por la educación socialista de la juventud es más que válida, es necesaria y que realmente las formas clásicas tienen la limitación de abotonar la fluidez de las palabras que pugnan por desprenderse de su cauce y sobre todo en tiempos turbulentos y de profundas transformaciones. Sin embargo, ¿Cómo no difundir Retorno a las montañas Chingkang o Diálogo entre aves? Mao permitió su difusión pero siendo claro en las observaciones en su carta ya señaladas.

La mujer no es una flor…

Y como no podía ser de otro modo, Mao también le canta a la mujer proletaria, por la que sintió un respeto sin igual. En 1921, Mao se casó con Yang Kaihui, la hija de su profesor preferido Yang Changji en la escuela normal de Hunan. Ella llegó a ser militante del Partido Comunista de China. En 1927, el Kuomintang la capturó y la asesinó por negarse a renunciar a su matrimonio con Mao y a la política revolucionaria. En diciembre de 1961, Mao escribió en memoria de ella un poema titulado Oda a la flor del ciruelo.

Oda a la flor del ciruelo

Viento y lluvia despiden a la primavera que parte,
la nieve que revuela, saluda su retorno.
Sobre el peñasco, donde inmensos carámbanos imperan,
se abre todavía una flor llena de gracia.
Llena de gracia, mas no pretende para sí la primavera,
se contenta con anunciar su presencia.
Cuando las flores de la montaña se abren plenamente,
se la encontrará en medio de todas ellas riendo.

En febrero de ese mismo año ya había escrito una Inscripción en una fotografía de la milicia femenina:

Están bien acicaladas;
las heroínas llevan fusiles de cinco pies
y están firmes en la parada desde los primeros rayos de sol.
Las hijas de China tienen insólitas aspiraciones:
prefieren las ropas de combate a los vestidos encarnados.



Y en otro de sus poemas sintetiza lo que la mujer significa para la última clase de la historia: “La mujer no es una flor que se mece en el invernadero de la burguesía sino un rosal que florece en la tempestad de revolucionaria del proletariado”. Nada más distante de la edulcoración y el aislamiento del romanticismo burgués. 
Sin duda, China cambió de alma y sus poetas ya no cantan las hazañas colectivas que estremecieron el mundo a mediados del siglo XX, pero las melodías del canto del maestro avivan el fuego que vuelve a recorrer Asia nuevamente.

La poesía de la profesora Elena


“La mujer no es una flor que se mece en el invernadero de la burguesía, sino un rosal que florece en la tempestad revolucionaria del proletariado”
Presidente Mao Tse-tung














De cómo surge la luz en las tinieblas

Las mejores obras son las que se realizan en medio de grandes tinieblas y a contracorriente de las tempestades que agitan el alma de quienes han caído en las mazmorras en plena lucha contra las injusticias de su tiempo. Escribir se convierte en una forma de lucha. Escribir es combatir contra el frío del cemento en medio de un olor a mar, el silencio de una isla, el traje a rayas que provoca las “muecas triunfales” de quienes quieren escindir, con los grilletes en las manos y una revolución a cuestas: esperanza de un pueblo que luchó, lucha y sigue luchando hoy en las nuevas condiciones. 

Ya la historia del proletariado internacional registra una obra hecha en el fragor de la segunda guerra imperialista de rapiña: Reportaje al pie del patíbulo. Allí Julius Fucik nos entrega su testamento, su reportaje, su poesía, su espíritu de comunista, y este es el mismo espíritu de la profesora Elena Iparraguirre Revoredo. Pankrac y la isla San Lorenzo son el telón de fondo de esta agonía en el sentido de Unamuno. En Pankrac, Fucik luchaba contra las hienas nazis de una guerra causada por la crisis económica del capitalismo. En San Lorenzo, primero, y en la Prisión Máxima de la Base Naval del Callao, luego, y hoy, en la Prisión de Ancón, la profesora Elena lucha contra las cabezas negras de la facción más recalcitrante de la reacción de una guerra que ya culminó y fue causada por las condiciones de opresión y explotación del pueblo peruano.

La poesía ha sido la herramienta necesaria empuñada a partir del aislamiento perpetuo en el que ha sido aherrojada Elena. Desde los primeros meses de su encierro toma la decisión de escribir y en sus primeros poemas se plasman las emociones y los sentimientos que causa el verse y saberse encerrada tras rebelarse contra el sistema. Tal es su poema Nº. 1, el cual contiene el rumbo y la línea desenvueltos en las nuevas condiciones de la lucha de clases.

 Y mi corazón
 desgarrado
 hasta agrietarse
toca las pupilas
 de mis ojos
 buscando bañar
 mi cuerpo en llanto

Pero mi alma
templada
en acero
rojo comunista
la detiene
y se yergue encabritada
cabalgando
por los voluptuosos
Andes combatientes.
Desafiando
 las tormentas
de las estrechas
costas del Pacífico
y deslizándose
suave, tierna
cual espada toledana
por los caudalosos
ríos de la selva.

Es mi tierra,
es mi pueblo,
es la nación
que se está forjando
en ardorosa Guerra Popular

Y entonces, mi pasión
así alimentada
transforma el dolor en fuerza
y lo eleva al canto
y canto:
Ya no será contigo
 ni mañana
Pero pronto, muy pronto
¡Todo el poder para el Partido y el pueblo!

Nov 92.

Las primera líneas del poema suscitan un sentimiento de dolor total por la detención, pero inmediatamente la ideología científica cumple su papel esclarecedor; sierra y selva son los territorios por donde hasta en ese momento se extendía la epopeya, pero lejos de cualquier obcecación visceral su canto termina en las últimas cuatro líneas con la conciencia de que una etapa debía terminar, teniendo gran optimismo en el futuro. Mientras tanto, la forma artística empieza a forjarse y a servir al contenido que se quiere expresar. Son los primeros estertores de su arte.

Hace varios años ya que se publicó Parvulez, el poemario que tiene como protagonista a la mujer en su papel de hija, de madre, de compañera y como centro la lucha. En Eres una imagen indeleble se encuentra expresada melodiosamente la lucha que emprendió Blanca Revoredo por la libertad de su hija. 

Sola
te empinaste
sobre el gris de desventuras
arrollando avatares
con permanente optimismo
hasta conquistar la grandeza
de la madre ejemplar
la esposa y la mujer del pueblo.

Se trata, entonces, de una madre que lucha diariamente por los de abajo. Ante esta figura de madre sucumben todos los estereotipos, enarbolados por la burguesía, de la madre que está solo para dedicarse a la crianza de los hijos y "atender al marido". 

Luego esta hija de la madre del pueblo se transforma también en madre, pero sus hijos no son únicamente suyos sino los que luchan diariamente en la lucha de clases; esta idea está claramente expresada en Llamé:

Llamé
Y la vida
en su riqueza de ofrendas
por coger
hizo cuerpo
tocó dos veces
el bien de su nacer
y me extendió
al instante común maravilloso.

Llamada
mi vuelo repentino
dolor
necesidad insoslayable
cuota de guerra
lanzó dos flechas
antes.

Aquí
las vuelvo a ver
mujer y hombre
almas nuevas
divergentes corren
combatientes de la vida
tocados
llaman su respuesta.
Discurrir social de la materia eterna
Con mirarlos
gozo.

Es sabido que la profesora tuvo dos hijos a los cuales debió dejar antes de entrar a los tiempos de guerra; sin embargo, este poema nos sugiere que no se ha quedado sin hijos y que sus hijos son los “combatientes de la vida”. Terminada la guerra, el hijo de carne y hueso interroga a la madre sobre su decisión de dejarlo y la respuesta es firme y clara en las últimas líneas de Setiembre:

Porque había tanto que hacer
para volver el mundo al revés
que bajo el sol rojo
me hice soldado
y volví a nacer

Muchas mujeres combatientes tuvieron que hacer lo mismo en tiempos de guerra no sin antes haber experimentado un gran dolor para luego reponerse y seguir luchando. Ellas, hoy prisioneras políticas estigmatizadas por su doble condición de mujer y luchadoras sociales, “dieron su sangre y su prisión/para que nazca un día/el hijo sin opresión” (del poema Fuiste conmigo un día). Nuevamente, aquí está presente la figura del hijo que vendrá de un parto no biológico sino político y social.

La mujer proletaria ama como ninguna otra y expresa su amor. Apreciemos la últimas líneas de Flota en el mar: Hecha está la cuenta / Y alta es la cuota de amar al hombre. El hombre es el compañero de clase, un “hombre de inalterable convicción/ en las lejanías de su nocturnidad/pone este hombre sus dos hombros/y encienden sus ojos el brillo/ del fuego de la fragua/sabe que cuaja en el repliegue/ el murmullo de otras altas olas. Es una mujer que comparte con él sus penas y esperanzas; una mujer siempre optimista acerca del futuro.

Estos son solo algunos de los puntos que queremos remarcar, por ahora, de una obra artística que está en constante movimiento y va enriqueciéndose por los insoslayables sucesos actuales de la lucha de clases. 






jueves, 16 de octubre de 2014

Una crónica al pie del cerro La Balanza*



Día 1


Le decimos al cobrador de la combi que nos avise al llegar a la av. España, pues queremos llegar puntuales a nuestra cita. Al bajar, la prolongada av. Túpac Amaru se abre ante nuestros ojos: el irrefrenable andar de combis, mototaxis, y “colectivos” son parte del paisaje de Comas, uno de los distritos más pujantes de Lima. Luego, tomamos un colectivo que nos lleva por cinco soles hasta el último paradero (más tarde nos enteraríamos que un mototaxi nos podía llevar por S./ 1.50). Le preguntamos al chofer: ¿A qué hora empezará la función? -7:30 p. m.-nos dice. El auto comienza a ascender por las calles de un cerro emblemático para los comeños: La Balanza. Hacia allá hemos ido, retando al frío, en busca de una historia sediciosa, esta vez narrada desde el teatro.

Hemos llegado muy temprano, a las 6:00 p. m. Desde la parte alta del Parque Tahuantinsuyo, podemos divisar gran parte de Comas y las diminutas luces que iluminan la ciudad. Nos percatamos que hasta aquí llegan los microbuses del Metropolitano. Poco a poco los vecinos van llegando hasta la canchita del parque, donde se alza un estrado y los tramoyistas preparan el escenario, mientras el animador los convoca: “Hoy tenemos a Ramollano de Trujillo, Tres Latidos de Lima y el Grupo Teatral Milenio”. Este deja a un lado el micrófono y sale del parque, entonces le preguntamos qué significa este despliegue de fuerzas que convoca a los vecinos de La Balanza. Martín contesta con la alegría de quien se siente parte de un insólito acontecimiento: “El Festival Internacional de Teatro en Calles Abiertas (FITECA) es uno de los eventos artísticos más importantes del Perú. Nos autofinanciamos. Los artistas internacionales se alojan en las casas de los pobladores de la zona y cada uno viene con la suya”. Luego, inquietado por una de nuestras interrogantes, hace una denuncia: “El Instituto Nacional de Cultura se comprometió a apoyar a la FITECA, pero luego nos dijeron que no había presupuesto, pero nosotros seguimos trabajando”. (Ironías aparte, mientras hacemos este reportaje, el gobierno condecora a sir Paul Mc Cartney con la Orden El Sol del Perú en grado de Gran Cruz). “Ya no tarda en llegar uno de los organizadores: Marco Esqueche, él se autoexilio por razones políticas en Argentina y sólo estará tres días aquí”, nos dice nuestro joven amigo. Suena interesante: un artista autoexiliado por razones políticas.

Después de media hora, Ramollano inicia la función. Un cura con vestimenta franciscana sale al frente y comienza su prédica contra un demonio, que llevan la gorra del Tío Sam y es denunciado por los encapuchados sacerdotes con un libro que se asemeja a la Biblia. Una ingeniosa metáfora contra el imperialismo. Al término de la obra, aparece el artista Marco Esqueche, quien exhorta  a un equipo de jóvenes teatristas a que vendan polos, afiches y pines alusivos al festival. Los polos son subastados a 30 soles; los afiches, a cinco soles y los pines, a solo dos soles.

Al fin acaba la jornada de ventas y lo perdemos de vista; otro animador lo reemplaza y nos acercamos a él, pues sospechamos que sabe a dónde puede haber ido Marco. Martín aparece de súbito y le dice al animador: “Jorge, es un amigo que ha venido para hacer un reportaje”. Jorge Rodríguez es otro de los impulsores que ahora no puede atendernos, así que tendremos que esperar hasta el final.

La segunda obra presentada aquel primer día del festival es realmente “un punto aparte”, como escuchamos decir a un espectador. Una inverosímil combinación de música, teatro y circo, tres latidos que mantienen en vilo al público. Katya de los Heros, egresada de la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica del Perú; Frank García, egresado de la Escuela de Circo de La Tarumba y Christian Atapáucar, cajonista, flautista y violinista, dan muestras de destreza y profesionalismo.

La noche acaba con el grupo Milenio y su obra Mejunje. A través de una mezcla de fuerza y dinamismo, pasan ante nuestros ojos personajes como la lavandera y el lustrabotas en medio de la percusión musical propia del ritmo afroperuano. Es tarde ya y, sin advertirlo, una amiga artista se nos acerca y nos pregunta: “¿Van a ir a la presentación de Marco? Será en la casa de Janet Gutarra y sólo habrá pase máximo para 30 personas”. Le preguntamos si mañana también se presentará. Entonces, recordamos que Martín nos dijo que el artista se quedaría tres días. Decidimos emprender el camino de regreso a casa, pues la FITECA recién comienza. Un colectivo nos lleva hasta la Túpac Amaru, esta vez tan sólo por 0.70 céntimos.

Día 2





Llegamos a las 7:30 p. m. de la noche, justo cinco minutos antes de que empiece la primera presentación del día. Allí está el artista diciéndole al público que se tendrá que retirar momentáneamente porque se va a la casa de Janet. Antes que dé la vuelta, nos acercamos y le damos la mano, pues queremos que nos hable acerca de Punto final, la obra que presentará dentro de pocas horas. “Sí, a ver cumpa, acompáñeme y hablamos en el camino”.

Lo acompañamos hasta una casa de dos pisos muy cerca del parque Tahuantinsuyo. Entramos. En la mesa se encuentra Lihuén, su amigo argentino, afinando los últimos detalles laptop en mano. Luego de ponerse de acuerdo con él, Marco comienza su relato. “(Esta obra) tiene que ver con el concepto de la muerte que tienen los pueblos del norte, con los mochicas; ellos tenían claro que la muerte era un viaje, tú morías y hacías un camino. En ese viaje necesitabas una ropa, utensilios y una serie de rituales: uno de ellos es el canto. La obra trabaja el tema de la muerte sobre la vida”.  Entonces, hace una revelación insospechada, todo un punto de inflexión. “Cuando se da el genocidio en el penal de Canto Grande, había un compañero, un abogado de la Asociación de Abogados Democráticos, esposo de Yovanka Pardavé Trujillo, también abogada democrática y su hija. Entonces, cuando los compañeros deciden salir porque se habían agotado las últimas posibilidades de resistencia, se agarran de la mano el Dr. Tito Valle Travesaño, su hija en el medio y su esposa, y todos los compañeros a su vez. Cuando agarrarte de la mano no te va a salvar de una bala y comienzan a cantar: Por los valles y los andes, guerrilleros libres van… La metáfora es la siguiente: No se iban a salvar de una bala, es más, estaban yendo al encuentro de ella misma, pero el ser humano tiene ese concepto, está en sus relaciones con un mundo cosmogónico. Por eso, cuando se dice: ´¿Cómo aplicas creadoramente a una realidad un concepto científico?´. Esa aplicación a la realidad hace que se empate y se vincule con la cultura de esos pueblos”.

Entonces, de golpe nos damos cuenta que el artista tiene mucho que decir y sus palabras nos llevan a un pasado reciente, al 6 de mayo de 1992. A un mes del golpe del 5 de abril, el Ejército, a través de la operación Mudanza, exterminó a comunistas, principalmente dirigentes del Partido Comunista del Perú.  

El artista prosigue con su explicación: “El maoísmo es un pensamiento científico que al aplicarse se envuelve con este concepto de la muerte, entonces ahí se explica por qué un cántico no te va a salvar pero era el retar a la muerte, el ponerla en vilo, decirle bueno me voy a enfrentar a ti y me voy a enfrentar cantando”. Marco, como visitante de aquellos días, nunca olvidará el sentido de amplitud que sentía al caminar junto a los presos por el perímetro del patio y el revolotear de las palomas que surcaban los barrotes del penal: “un símbolo de la libertad”. Algo más interesante aún era la pinta en lo más alto de una pared de 6 metros con la inscripción ASALTAR LOS CIELOS CON LA FUERZA DEL FUSIL; “todo un golpe sicológico a la reacción”, nos dice. Punto final enfatiza “la parte espiritual y mágica de los seres humanos” en el contexto anterior y posterior de la guerra popular a través de la mirada de un poblador, es decir, al artista le interesa principalmente la “guerra de símbolos” que se desenvuelve en este contexto. Además, hace una reflexión en voz alta: “Primero hay que reconocer que hubo una guerra porque si no te pierdes un aporte clave en la reconstrucción de la historia del Perú”.

Otro ejemplo de lo simbólico en su obra es el rescate de la canción Salvo el poder, todo es ilusión. Nos dice: “Siglos se hunden, ídolos caen, se quiebra un viejo orden de opresión y en la montaña, un relámpago de fuego hiende la noche con su gran puñal; los mares se agitan, la tormenta arrecia y en el gran desorden, se levanta el Sol”. Se nos viene a la mente lo que por años difunden algunos “analistas” acerca de la “manipulación” de la alegoría andina. Marco niega totalmente esa posibilidad con estas rotundas palabras: “Los maoístas peruanos eran la cultura. Hay un afiche que dice: “Kausachun lucha armadata”. ¿Qué? ¿Los usaron? ¿Como los yanquis? Los yanquis en la guerra de Vietnam usaron el guaraní para poderse comunicar con los aviones y que no los detectaran, ellos sí usaron. Mira los apellidos de los prisioneros políticos: Mamani, Quispe. La reacción dice eso: “Los maoístas usaron, vinieron los guerrilleros”. No, no, si yo soy de aquí, los guerrilleros eran de La Balanza, entonces, reconociendo que nosotros somos de aquí, nosotros le ponemos nuestra impronta cultural”.

El artista profundiza aún más en torno al arte y la cultura de los comunistas peruanos: “Hay un documento del Dr. Guzmán, Somos los iniciadores; es un poema, o la profesora Elena  Yparraguirre que, en vez de “adiestrar” a sus militantes, pinta. Emerge naturalmente el arte, hacen esculturas y le dan la importancia tan grande como, en su momento, a la organización armada. A mí, como artista me interesa ese empate que hubo y cómo los pueblos ancestrales dieron su aporte en esa aplicación, ¿Cómo se especificó esa aplicación? ¿Por qué se llama creadora? Porque era con ingenio aplicar las cosas. Fue una guerra de audacia. Fue la guerra más audaz de este planeta”.

Entonces, con el afán de ilustrarnos en torno al concepto de audacia, recuerda: “Hubo una marcha el año 90 de las compañeras de los hospitales en huelga. De pronto las compañeras van en la marcha con unos papeles periódicos y unos bollitos; la policía al frente y las compañeras tiran los bollitos, la policía empieza a correr porque en esa época la dinamita se envolvía en bolitas y se les revestía de papel, entonces la policía sabía que un círculo envuelto en papel era dinamita. Y las compañeras lo único que habían hecho era una piedra envuelta con papel”.

Marco hace la siguiente interrogante: “¿Qué es lo que tú tienes cuando desarrollas un proceso o te enfrentas a un conflicto?” Su respuesta es firme: “O tienes una ideología poderosa que te conduce y te hace creativo o no tienes nada. La FITECA es un hecho concreto que cuesta 25, 000 euros y nosotros no tenemos un sol, hacemos colecta para la vela”. Pero a pesar de las circunstancias adversas y en esa línea de la creatividad, este festival ya tiene 10 años y es parte de todo un proceso que se remonta al año 64. Ese mismo año se funda La Balanza, “la capital de Comas”, en palabras de este artista fundador del Teatro del Ritmo, miembro de una familia de ocho hermanos que llegaron desde Malambito. Él decidió entregar su vida al arte desde los 12 años. En los 80 se formó como profesional en la ENSAD. A partir de principios de los 90 viaja por países como Chile, Ecuador,  Argentina, Bolivia, Uruguay, Brasil, Cuba e Inglaterra,  desarrollando talleres y participando en diversos encuentros. Desde el 2002 es parte de la cofradía que organiza la FITECA y sólo viene al Perú en ocasiones en que la actividad artística se lo demanda.

Cuando se funda La Balanza, uno de los dirigentes era un actor del Teatro Popular de Comas, el grupo pionero en la historia del teatro comeño, es decir, “Comas comienza su proceso junto con el teatro”. No es casualidad, entonces, que “La Bala”, oficialmente La Libertad, sea un barrio de artistas, “donde el arte es un hecho cotidiano”. A los 12 años, Marco es uno de los fundadores de La Gran Marcha (uno de los grupos organizadores de la FITECA) y “lo fundamos porque habíamos visto el Teatro Popular de Comas”. La Gran Marcha es otro grupo pionero del barrio desde hace ya más de 30 años. “Pero ¿Por qué fundamos un grupo de teatro?”, se pregunta. “Por ejemplo, el teatro estaba en la Asamblea Popular”.  De súbito, se le viene a la mente a la actriz Raida Callalle, quien actuaba antes de la asamblea. También Raúl Salinas, el profesor primario de teatro del colegio 3047, antes 644. Él funda el grupo Gente de Tablas, ganador del Primer Concurso de Teatro Escolar, que derrotó nada menos que al Champagnat.

Así se desarrollaba el arte popular en esos tiempos: “Una obra de teatro antes y de ahí la Asamblea Popular; un músico antes y de ahí la Asamblea Popular”. Así se inició este proceso donde el pueblo se empezó a organizar y el teatro estaba inmerso en un barrio de migrantes del campo a la ciudad durante la segunda gran ola del movimiento campesino. Por ello, su arte se nutre de esas vivencias anteriores a la guerra y del pueblo que lo vio crecer. Asimismo, recuerda que en el 77 “ya comenzaban a llegar las primeras noticias de que se iban a alzar en armas”.

Son las 10 p. m. y nos damos cuenta que la charla con Marco ha terminado. Tiene que alistarse para la presentación de esta noche. Pide que lo sigamos al segundo piso. Ahí están Lihuén con su laptop y Belén, su compañera, ambientando el escenario donde dentro de poco veremos Punto final. Afuera hay una cola de artistas y público con mucha expectativa por ver su más reciente obra. Las anchas calles de este barrio, que acaricia el cielo, guardan muchas voces que ni la furia idiota de la persecución puede silenciar.

*La crónica aquí publicada data del año 2011. Actualmente, Marco Esqueche ya no participa de las actividades de la FITECA.